domingo, 18 de agosto de 2013

El cementerio de Guayaquil









Existe un lugar en el Guayaquil  donde todos tienen algún en común: ¨El Final de la vida¨, este sitio que convierte las vivencias en recuerdos,  las experiencias en nostalgias,  las alegrías en añoranzas. El último  peldaño en el ciclo de la vida donde nuestros seres queridos descansan en paz, después de una vida llena de triunfos, fracasos, anhelos, satisfacciones, amores. Todas esas historias son revividas en cada visita al Cementerio General de Guayaquil.

Quien visita el panteón con intenciones de ver a un familiar, puede maravillarse (con mucho respeto),  con el arte de sus esculturas, el diseño de los mausoleos, o el trabajo arquitectónico de las lapidas, que se puede apreciar en cada rincón de este honorable e camposanto.

Es muy normal ver todos los días a fieles viudas, o amorosos hijos  acudiendo al encuentro con el que se adelanto en este largo camino de la vida; llegando con una corona de flores o simplemente con un pequeño ramo como ofrenda a un ser querido que yace en su tumba. Otros, siempre rindiendo tributo a su difunto, llegan con su restaurador o con una persona encargada de hacer mantenimiento a las bóvedas, y así mantenerlas limpias y presentables para las visitas, como haciendo referencia lo ordenado que fue esa persona en vida.

Los encargados y guardias del cementerio muy educados y amables en el trato al visitante, siempre están prestos a preguntas e indicaciones a quienes lo requieren. En cada rincón se observa cuidado del piso y platas, mostrando dedicación y cuidado en todo, hasta el mínimo detalle. Lo curioso que se pudo observar, fue la presencia de muchos felinos en el sitio,  como guardianes de ciertas lapidas, e incluso demostrando fidelidad a sus dueños ya fallecidos.

Aquí pudimos apreciar esculturas históricas, como la tumba de Jose Joaquín de Olmedo, su esposa e hijo, un gran Monumento a Eloy Alfaro, otra efigie muestra la nobleza de Victor Emilio Estrada en unas impresionante columnas  en forma de hemiciclo, rindiendo homenaje a  seres ilustres de Guayaquil.

Las esculturas con figuras religiosas son muy comunes, pero el detalle de cada imagen llega al realismo de artista, demostrando la parte emotiva de este, y el triste mensaje que quiere hacer notar.


El Cementerio General es un cementerio sin fines de lucro, el cual se ha constituido en el lugar de descanso final para muchos ecuatorianos desde 1843. Ubicado anteriormente en el perímetro externo de la ciudad, hoy, junto al Cerro del Carmen, constituye un hito central de la ciudad de Guayaquil.


La Junta de Beneficencia de Guayaquil tomó el Cementerio General bajo su cargo desde 1888 hasta la actualidad. Las cinco secciones con las que cuenta el cementerio en la actualidad hacen que se lo clasifique por áreas.


Los  mausoleos de mármol tallado adornan las lápidas de los más sobresalientes hombres y mujeres, como Eloy Alfaro, idealista revolucionario precursor del liberalismo y presidente del Ecuador, así como otros presidentes y personajes relevantes. Son verdaderas obras de arte que nos encasillan como uno de los más hermosos cementerios de América, convirtiéndonos en Patrimonio Cultural.


La Junta de Beneficencia de Guayaquil continúa orgullosamente brindando servicios funerarios y exequiales para todos los estratos sociales de nuestra comunidad, desde los más completos de alto nivel hasta los más sencillos sin fines de lucro, en este majestuoso camposanto. Debido a su ubicación central y a la creciente demanda de la población, se está construyendo un nuevo cementerio, el Panteón Metropolitano.



Como parte de la gran labor benéfica de la Junta, a los más necesitados de la ciudad se les otorga servicios funerarios a costos subsidiados, y en el caso de personas abandonadas (indigentes), sitios de entierro gratuitos.

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