Existe
un lugar en el Guayaquil donde todos
tienen algún en común: ¨El Final de la vida¨, este sitio que convierte las
vivencias en recuerdos, las experiencias
en nostalgias, las alegrías en
añoranzas. El último peldaño en el ciclo
de la vida donde nuestros seres queridos descansan en paz, después de una vida
llena de triunfos, fracasos, anhelos, satisfacciones, amores. Todas esas
historias son revividas en cada visita al Cementerio General de Guayaquil.
Quien
visita el panteón con intenciones de ver a un familiar, puede maravillarse (con
mucho respeto), con el arte de sus
esculturas, el diseño de los mausoleos, o el trabajo arquitectónico de las
lapidas, que se puede apreciar en cada rincón de este honorable e camposanto.
Es muy
normal ver todos los días a fieles viudas, o amorosos hijos acudiendo al encuentro con el que se adelanto
en este largo camino de la vida; llegando con una corona de flores o
simplemente con un pequeño ramo como ofrenda a un ser querido que yace en su
tumba. Otros, siempre rindiendo tributo a su difunto, llegan con su restaurador
o con una persona encargada de hacer mantenimiento a las bóvedas, y así
mantenerlas limpias y presentables para las visitas, como haciendo referencia
lo ordenado que fue esa persona en vida.
Los
encargados y guardias del cementerio muy educados y amables en el trato al
visitante, siempre están prestos a preguntas e indicaciones a quienes lo
requieren. En cada rincón se observa cuidado del piso y platas, mostrando
dedicación y cuidado en todo, hasta el mínimo detalle. Lo curioso que se pudo
observar, fue la presencia de muchos felinos en el sitio, como guardianes de ciertas lapidas, e incluso
demostrando fidelidad a sus dueños ya fallecidos.
Aquí
pudimos apreciar esculturas históricas, como la tumba de Jose Joaquín de
Olmedo, su esposa e hijo, un gran Monumento a Eloy Alfaro, otra efigie muestra
la nobleza de Victor Emilio Estrada en unas impresionante columnas en forma de hemiciclo, rindiendo homenaje
a seres ilustres de Guayaquil.
Las
esculturas con figuras religiosas son muy comunes, pero el detalle de cada
imagen llega al realismo de artista, demostrando la parte emotiva de este, y el
triste mensaje que quiere hacer notar.
El
Cementerio General es un cementerio sin fines de lucro, el cual se ha
constituido en el lugar de descanso final para muchos ecuatorianos desde 1843.
Ubicado anteriormente en el perímetro externo de la ciudad, hoy, junto al Cerro
del Carmen, constituye un hito central de la ciudad de Guayaquil.
La
Junta de Beneficencia de Guayaquil tomó el Cementerio General bajo su cargo
desde 1888 hasta la actualidad. Las cinco secciones con las que cuenta el
cementerio en la actualidad hacen que se lo clasifique por áreas.
Los mausoleos de mármol tallado adornan las
lápidas de los más sobresalientes hombres y mujeres, como Eloy Alfaro,
idealista revolucionario precursor del liberalismo y presidente del Ecuador,
así como otros presidentes y personajes relevantes. Son verdaderas obras de
arte que nos encasillan como uno de los más hermosos cementerios de América,
convirtiéndonos en Patrimonio Cultural.
La
Junta de Beneficencia de Guayaquil continúa orgullosamente brindando servicios
funerarios y exequiales para todos los estratos sociales de nuestra comunidad,
desde los más completos de alto nivel hasta los más sencillos sin fines de
lucro, en este majestuoso camposanto. Debido a su ubicación central y a la
creciente demanda de la población, se está construyendo un nuevo cementerio, el
Panteón Metropolitano.
Como
parte de la gran labor benéfica de la Junta, a los más necesitados de la ciudad
se les otorga servicios funerarios a costos subsidiados, y en el caso de
personas abandonadas (indigentes), sitios de entierro gratuitos.
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